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miércoles, 24 de junio de 2015

FUTUROS VERNIANOS

¿Cómo? ¿Que ya estamos en 2015? Este no es el futuro que nos prometieron. Ni trajes plateados, ni coches voladores para ir al trabajo ni vacaciones a Marte, tan frecuenes que al final los marcianos resultáramos ser nosotros mismos. Ese futuro, hijo bastardo de Los supersónicos y la Star Trek origianl nunca llegó. al menos todavía. Cuando estamos más cerca de las eras de Un mundo feliz o 1984, cuando ya parecemos más morlocks que elois las películas han hecho de ese futuro mágico un mundo poblado por consumidores de soma y soylent green bajo el ojo omnipresentede Hal. Las naves más allá de Orión ardieron para nunca volver a partir. Sin embargo parece que todavía, para bien o para mal, queda ungrupo de irreductibles...soñadores, y por eso hoy hablamos de Tomorrowland.
  
Casey, una brillante adolescente enamorada de la ciencia y preocupada por el futuro de la humanidad, encuentrra un día entre sus pertenencias un misterioso pin. Desconociendo su procedencia, descubre que, si lo toca aparece fugazmente en un increíble lugar llamado Tomorrowland, donde todos los avances científicos que pueda soñar son posibles. En la búsqueda de su ubicación real conocerá a Frank, un desterrado habitante del mismo, con el que iniciará una emocionante aventura en la que descubrirá un pasado que nunca imaginó, así como un terrible futuro que sólo ellos pueden evitar.
Tomorrowland es casi el reverso luminoso del cine futurista de las últimas décadas. Si bien a lo largo de su metraje sabrá desenvolverse entre utopía y distopía con bastante soltura su punto más original radica en el arranque, en el que partiendo del mágico mundo de una exposición universal (que casi parece más un parque de atracciones, individuo vestido de mascota Disney incluido, y no, no es una metáfora) nos muestra un luminoso futuro (o al menos su germen) de robots empáticos y vehículos sorprendentes, más cercano a Julio Verne (al que más adelante la película hará un guiño) que a Orwell, de esos que nos hace volver a ser un poco niños, uno de esos futuros radiantes que podrían presagiar una era dorada para toda la humanidad, y sabe reflejarlo amén de con una apabullante dirección artísitica con todo el encanto del cine clásico de aventuras, con su mochila voladora (y es que como bien sabían los creadores de Kick-Ass hay pocas cosas que molen más) y su sabio despistado, que en ese momento no es más que un niño, y todo.
Pero tras este prólogo, lo más brillante del film (tanto en imagen como en concepto), la utopía pasada nos remite a un futuro distópico para sumergirnos en uno de esos viajes de búsqueda interior y objetivo salvador con el que estamos más familiarizados...por llamarlo de algún modo.
Con un tandem típico de optimista y pesimista, encarnados por la adolescente soñadora y el adulto que, a pesar de lo que ha visto, hace mucho dejó de soñar (a los que se une un tercer personaje con una relación con el segundo que, aunque se pretende sorprendente, ya intuimos desde los primeros minutos) la película muta en una road movie en toda regla, que lleva a nuestros héroes de América a Europa (con uno de los momentos más originales y hermosos de la cinta en plena Torre Eiffel, que gana además al estar ambientado de noche) e incluso al espacio.
Sin embargo a pesar una película con tan buenos ingredientes como una imaginativa dirección artísitica (fuera del propio Tomorrowland incluso,,,me quedo con la tienda de regalos, hasta con sus homenajes publicitarios a Star Wars), una maravillosa partitura de Michael Giacchino (lo mejor de la cinta) o una cuidada selección de secundarios (con un Hugh Laurie haciendo lo que mejor se le da...como ha cambiado este hombre desde su príncipe George de La víbora negra, una serie a reivindicar desde ya) la cinta se revela pronto como una sucesión de carreras y persecuciones inconexas y alargadas en exceso, con un tono en ocasiones excesivamente infatilizado (esos enemigos robatizados y esas armas que volatilixzan a la gente, evitando episodios más sangrientos...lo que también se puede conseguir con buenas elipsis, o esos métodos de defensa casi digno de un Solo en casa) e incluso sin vacilar en hacer sonrrojantes product placements (que casualidad: el uso de este transporte baja el azucar y yo tengo una conocida marca de refresco de cola en la nevera...que se vea bien la botellita, maja).
Así una cinta con un punto de partida clásico, y (frente las tendencias actuales de la ciencia ficción cinematográfica) original, poco a poco se torna manido y reconocible, con tintes mesiánicos incluidos y villanos con ínfulas de opereta, con un final que, por pirotécnico, no deja de resultar anticlimático, despidiendo la cinta con un aura romántica pero edulcorada en exceso.
Una decente cinta de aventuras de esas para toda la familia, que incluso en algún momento, aunque sea ligeramente nos puede remitir a clásicos del fantástico como Regreso al futuro (ante las discusiones de Casey y Frank no podemos dejar de acordarnos de Marty y Doc), pero que pronto pierde la fuerza de su arranque. eso sí, ya huele a secuela.
Un buen entrentenimiento veraniego...si bien igual es un poco adulta para los niños más pequeños y un pelín infatil para los adultos....y no infantil en el sentido bueno. Lástima

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