Translate

lunes, 22 de julio de 2019

FLORES DE ACÓNITO

Como decían unos populares dibujos no se vayan todavía. Aún hay más...en el caso del cine fantástico español esto no puede ser más cierto.Coincidiendo con la 30 Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián Flash-Back Producciones trae una espectacular muestra monográfica dedicada a uno de los nombres emblemáticos del fantástico español: Paul Naschy. Una autobiografía en imágenes.
Una exposición sobre un artista multidisciplinar que abarca desde su contribución al séptimo arte a su vertiente como campeón de halterofilia,  pasando por facetas más desconocidas como su labor como ilustrador de portadas de discos o escritor de novelas de bolsillo, con objetos provenientes del archivo personal de Naschy, gracias a la colaboración de de su viuda, Elvira Primavera, y sus hijos Sergio y Bruno.
Además se podra disfrutar por primera vez de objetos de atrezo, vestuario, maquillaje y efectos especiales procedentes de firmas especilistas como Vázquez Hermanos, Molina FX o los maquilladores Julián Ruiz y Fernando Florido y material gráfico obra de nombres como José Sanchis, Gumersindo Andrés López, Jano o Antonio Gracia José "Pierrot", entre otros. Piezas originales en su mayoría inéditas que se unen a memorabilia, manuscritos e incluso objetos personales del cineasta como su mesa de despacho, hasta un larguísimo etcétera.
Fruto de una ardua documentación Busquets Paul Naschy. Una autobiografía en imágenes, comisariada por Antonio Busquets y coordinada por Viky Rodríguez, podrá visitarse en Centro Cultural Okendo de San Sebastián desde el 26 de octubre hasta el 14 de diciembre.

jueves, 18 de julio de 2019

Y EN ARCADIA

Cuando un primer largometraje se convierte casi instantáneamente en una obra de culto tenemos un problema gordo. Bueno, al menos sus creatores. Hereditary es por derecho propio un título poderoso, que catapultó casi de inmediato a su director y guionista, Ari Aster, dejándonos en la retina escenas tan impactantes como la accidente automovilístico que aquí no describiré por si alguien no la visto ya...cosa que debería hacer de inmediato. Peo ha llegado la hora del segundo round, volviendo de postre al género del fantástico y, francamente, las espectativas están muy altas ante la llegada de Midsommar.
No es este el único problema que tiene la cinta de Aster. Habiendo noticias malas y noticias buenas prefiero empezar por las malas para que las segundas sepan todavía mejor. Con Midsommar no podemos hablar de factor sorpresa. En el caso del cine de terror estamos aburridos de turistas, normalmente norteamericanos, que se meten donde no deben, en la línea de Hostel, ¿Quién puede matar a un niño?, The ritual o (sin ir solo a hacer turismo sino a trabajara su particular modo) Holocausto caníbal. Hijos de una economía poderosa y una cultura que hace que aquella a la que se enfrentan les resulte exótica, tratándola normalmente de manera irrespetuosa, y que acaban encontándose con que la moraleja del cuento les golpea de manera más o menos sangrienta en todos los morros. Así que cuando asistimos a los planes de los protagonistas de visitar la comuna formada por uno de sus compañeros universitarios para celebrar su festival de solsticio ya sabemos que algo apesta a podrido...en este caso en Suecia, y que se van a encontrar con el lado más oscuro del país del Ikea y las albóndigas.
Pero antes de ello Aster ya nos ha enfrentado, tal y como hizo en su previa Hereditary, a un complejo proceso de duelo. Una chica, Dani, que acaba de perder a su familia más próxima de una manera escalofriante, algo que hemos podido ver en una escena nocturna de corte casi onírico que contrasta violentamente con esa Suecia casi perpetuamente iluminada y bucólica que van a encontrar en su viaje, y que marcará su visión de los acontecimientos que van a tener lugar a continuación.
Un viaje en más de un sentido. Físico, llegando a un territorio desconocido cuya lengua ignoran y que resulta tan hermoso como extraños. Psicodélico, a través de las sustancias que van a consumir durante el mismo y que, sumadas al insomnio (ahí están esos llantos de bebé que no dejan de escucharse por la noche) deformarán su percepción de un modo que apenas sí logran intuir. Y por último espiritual, trastocando las vidas de sus protagonistas para siempre.
Midsommar es una película en la que resulta fácil entrar. Una película llena de imágenes fascinantes, bañada de manierismos que invierten nuestro eje de visión, se pierden en reflejos o se ayudan de dibujos, en el más puro espíritu de las comunidades primitivas, para explicarnos aquello que va a  ocurrir a continuación. En una dimensión paralela a la que nos invitó hace décadas El hombre de mimbre hace un uso inteligente de su banda sonora, de una fuerza similar a la que pudimos conocer en la infravalorada pero muy recomendable Lords of Salem, de una dirección artística en la que nada es gratuito y del montaje, con algunos de los sueños más inquietantes vistos en el último cine de terror. Pero unos rituales con una fuerte carga grotesca y simbólica pueden hacer que igual de fácil que el espectador ha entrado salga, a diferencia de los personajes, fácilmente al encontrarse momentos tan chocantes como el encuentro amoroso o unas danzas colectivas que llegan a extemos báquicos.
Midsommar no es una cinta de terror al uso. Resulta un hermoso y poderoso imán desde su primer fotograma, aunque intuyamos fácilmente su desarrollo, pero exige del espectador una suspensión de incredulidad al que este puede no prestarse. Reverso luminoso de una Hereditary que parece desarrollarse en otro mundo pero con la que comparte terrenos comunes como enfermedades hereditarias, extraños cultos o testas coronadas la película es una apuesta arriesgada, pero logra apoderarse del espectador de principio a fin. Si quieren hacer un viaje este verano sin moverse de asiento el destino solo tiene un nombre: Midsommar, aunque ¡ojo! es solo de ida.

Midsommar llega a los cines españoles el 26 de julio

martes, 16 de julio de 2019

Y A TORRENTE LO ENCONTRAMOS EN LA CALLE

Desde los tiempos de La gran familia con el entrañable Paco Martínez Soria buscando a Chencho por la madrileña Plaza Mayor a grito pelao sabemos que la comedia familiar española suele abarcar gran número de hijos y altas dosis de confusión. Padre no hay más que uno, obra de un Santiago Segura que demuestra que de su  Torrente más que pasar página ha pasado casi un listín telefónico, se apunta al carro con menos hijos que el proverbial clásico, pero con altas cotas de locura.
Remake de la argentina Mamá se fue de viaje nuestra historia arranca de la lucha de sexos para presentarnos al típico padre que cree poco menos que los hijos, cinco en este caso de entre 4 y 13 años, se crían por arte de magia cuando en realidad la artífice de tal milagro es la madre de los niños, combinando trabajo dentro y fuera de casa. Por supuesto nuestro héroe (es un decir) solo se dará cuenta de la cruda realidad cuando esta opte por irse de vacaciones con su cuñada dejándolo casi (ahí está ese ángel de la guarda en forma de niñera) solo ante el peligro.
Padre no hay más que uno nos guía por un terreno familiar, sumando un padre inepto y con poco tacto (inenarrable el modo en que transporta a sus hijos...hay gente que maneja con más mimo los muebles de Ikea) que parece una extensión caricaturesca del personaje mediático al que nos tiene acostumbrados Santiago Segura en sus apariciones televisivas a una horda de salvajes infantes que casi parecen herederos de las niñas de Mamá, solo que más asilvestrados si cabe. Dos polos que tienen que chocar por fuerza, y a los que se añade para redondear el cóctel una madre sufridora sin pelos en la lengua ( memorable la reflexión sobre el marido-cuñado) y una pareja de cuñados encarnados por Silvia Abril y Leo Harlem que parecen más ayudar a crear problemas que a solucionarlos (amén de abrir una curiosa puerta al product placement a través del trabajo del cuñado en cuestión...finjan sorprenderse).
Pero el resultado constituye una película divertida, con diálogos con miga rozando en más de un momento lo políticamente incorrecto, en la que se nota que sus actores, independientemente de la edad y por supuesto con los cameos a los que nos tiene acostumbrados la filmografía de Segura (aunque no en un volumen tan apabullante como era la saga Torrente sí hay rostros tan conocidos como El Rubius o Boris Izaguirre), se sienten cómodos. Una cinta de ritmo ágil, con su rinconcito para la acidez pero también la moralina (eso si, hay momentos tan redondos como el de la respuesta que da el.personaje de Segura cuando descubre por qué su hijo se pelea tanto con uno de sus compañeros...de antología) y que deja buen sabor de boca. No será la mejor comedia veraniego-familiar de este año pero sí una excusa más que justificada para disfrutar con los más pequeños...tras rogarles que, por lo que más quieran, no copien lo que vean en la pantalla.


Padre no hay más que uno llega a los cines el 2 de agosto.

lunes, 15 de julio de 2019

LAS VACACIONES ESPAÑOLAS DE UNA CHIFLADA FAMILIA FRANCESA

Más de uno todavía se acordará a estas alturas de esa comedia veraniega llamada El mejor verano de mi vida, una cinta a mayor gloria del cómico Leo Harlem en el que este le prometía a su hijo unas vacaciones de ensueño si sacaba buenas notas. Tomemos un punto similar: una mujer que promete a su hijo un verano donde él quiera si aprueba el bachillerato. Solo que el niño en cuestión es ya todo un adolescente que quiere ir a Ibiza y al veraneo se apunta a última hora el novio de ella, algo más mayor y digamos...conservador en gustos. El cóctel resultante es Un verano en Ibiza.
Titulada simplemente Ibiza en su país de origen Un verano en Ibiza es una película que no pierde de vista en ningún momento lo que es: una comedia pura y dura, con tendencia a lo políticamente incorrecto (parece en más de un momento, y no solo a ojos de su desubicado protagonista que la isla es el imperio de la droga) e incluso al humor marrón. La película tiene material de sobra para dar rienda a la comicidad: una pareja dispar, unos adolescentes que no soportan a un nuevo padrastro al que tildan como mínimo de aburrido, un exnovio que es todo lo que el nuevo novio no es y la fauna ibicenca más dispar, y sabe sacarle partido sobre todo gracias a la química de su pareca protagonista, Christian Clavier y Mathilde Seigner, que saben darle vida a dos maduritos capaces de desmelenarse a tope si las circustancias invitan ( y van a descubrir que invitan en más de una ocasión).
Un planteamiento simple pero que funciona, con tendencias a los equívocos (ese secreto entre el exnovio de la madre y la mujer de su mejor amigo o esa hija que quiere hacer algo por primera vez...y como más de uno habrá supuesto no es lo que estamos imaginando), al humor visual y a los gags que muestran el contraste entre el clima fiestero de la isla y las hábitos de unos urbanitas más habituados a otro tipo de vacaciones. Un verano en Ibiza es una película que consigue arrancar la carcajada con unos personajes con los que se consigue empatizar a golpe de chiste, logrando en más de una ocasión esquivar con elegancia algún terreno que podría parecer abonado en una trama como esta como esa tendencia a que a más de un padrastro le de por hacerse el enrollado. Sin embargo el protagonista de nuestra historia no abandona su tónica en casi ningún momento...eso sí, hay cosas que duelen como el desprecio de los millenials por esa "canción carroza" que es...Still loving you de Scorpions...ahora es cuando uno se siente viejo de verdad.
Un verano es Ibiza es simplemente una comedia ideal para el momento en que se estrena. Una cinta con música vibrante, desarrollo ágil y un escenario ideal a pesar de que la visión que aporta de la isla no la podríamos considerar precisamente idealizada, con vendedores de cocaína en cada esquina, personajes inquietantes (un diez para el Batman de la sala de urgencias), música a grito pelao durante buena parte del día y camareros capaces de chocar contigo sin motivo alguno e incluso de fastidiarte el que puede ser el momento mágico de las vacaciones, haciendo casi comprender un poquito (no mucho, ojo) a un turista capaz de llegar a un lugar tan animado como Ibiza para dormir desde las seis de la tarde...ni Ned Flanders. Quizás no sea la mejor carta de presentación de un lugar tan emblemático pero lo que no cabe duda de que Un verano en Ibiza es una gran elección para pasar una fresquita tarde de verano, una comedia ligera en un cine con el acondicionado a toda pastilla y si es posible sustituyendo las proverbiales palomitas por media docena de polos.

 Un verano en Ibiza llega a las pantallas españolas el 9 de agosto.

viernes, 12 de julio de 2019

NO VAYAS AL BOSQUE ACOMPAÑADA

Creo que a la hora de buscar títulos a las películas empezamos, al menos en castellano, a tener un problema serio. Sí, no incidiré en casos de traducción creativa como Sonrisas y lágrimas (The sound of music) pero no deja de ser llamativo de que al enfrentarnos a un título tan claro como The hole in the ground (El agujero en el suelo...aunque vista la pelícua creo que igual sería más adecuado hablar de cráter o socavón a la quinta) nos la encontremos en los carteles rebautizada como Bosque maldito. Y es que bosque hay, el adjetivo maldito parece ajustarse, pero ya tenemos una El bosque (que por otro lado era originalmente The village, es decir, el pueblo...sí, sí la de Shyamalan) y una El bosque maldito (The woods, del director de la muy recomendable May, y que por estos lares llegó directamente en dvd)...y si buceamos un poco hasta una El bosque maldito de 1945 basada en una novela de Wenceslao Fernández Flores. Sin embargo no es buena idea darle tantas vueltas a la cabeza antes de enfrentarnos a una cinta que además, como la mayoría ya habrá supuesto, es de terror.
 Bosque maldito es una película en la que resuenan numerosos ecos del género. Aquellos que ya hemos visto unas cuantas sabemos, escarmentando en cabeza ajena como quien dice, que nunca es buena idea instalarse cerca de un bosque, independientemente de si el grupo que nos acompaña es numeroso (no quiero pensar en el caso que nos ocupa, tratándose solo de dos personas) y del siglo en que nos encontremos (es el momento de recuperar un peliculón como La bruja), que hacerlo acompañado de algún tierno infante tampoco es muy recomendable y que además, si tenemos como bonus que los vecinos más cercanos son una pareja de dulces aunque inquietantes ancianitos ya tenemos el complementario para que nos toque en la quiniela del cine una auténtica pesadilla.
Aunque en esta cinta vamos a encontrar numerosos momentos en los que nos acordemos de películas muy concretas no los mencionaré de cara a evitar spoilers, pero sí hay que dejar claro que asistimos a una trama que nos resulta al menos familiar al menos en su punto de partida, presentando a una madre y su hijo que se instala en un nuevo y solitario hogar justo al lado de un bosque en el que se oculta un impresionane cráter (a alguno puede que esto le suene a la australiana Wolf creek, en la que los protagonista mientras van de excursión para observar uno similar acaban enfrenándose a un psicópata de antología...pero los tiros no van por ahí). Como nos ha enseñado el fantástico en todas sus vertientes durante años vivir tan cerca de un fenómeno geológico relevante (ahí está en un palo muy distinto Encuentros en la tercera fase) parece también ser un imán para sucesos inesperados y nuestra protagonista, en lo que parece ser la primera fase del algún tipo de desequilibrio nervioso, empieza a enfretarse a la idea de que puede que su hijo no sea quien parece ser.
Nos encontramos así en el tablero unas piezas con las que hemos jugado muchas veces pero que tienen entre sus mejores bazas la ambigüedad con la que juega durante buena parte del metraje y una puesta en escena que sabe sacar buen partido de los entornos en los que se mueve, aunque en muchas ocasiones el abuso de tinieblas y apagones en las escenas más catárquicas hagan de las suyas. Bosque maldito es una cinta que revela cuidado por la imagen, con un creativo uso de los fundidos y el montaje que incide en ese agujero en el suelo al que hace referencia el título original (pasando del cráter al desagüe de una bañera o una boca sorbiendo spaguetti) pero si bien busca crear un lenguaje propio no consigue sino una historia que consigue entretener, y pegar más de un susto al respetable (hay que reconocer que aunque en más de un momento abusa de los efectos de sonido no abusa tanto como otras películas a las que nos hemos enfrentado recientemente), pero que no innova en un terreno al que se revela tiene mucho aprecio.
Bosque maldito es una película de terror correcta, que da lo que promete pero no consigue innovar en un género que últimamente parece haber cambiado la originalidad por la autorreferencia, devorándose como uróboros cualquiera mientras nos niega nuevos iconos para alimentar nuestras pequeñas pesadillas. Una historia disfrutable para los fans del género aunque más de uno seguramente sigue (seguimos) pidiendo más.

Bosque maldito llega a los cines españoles el 19 de julio.

jueves, 11 de julio de 2019

VIENTOS DE GERMANIA

Aunque su hábitat natural suele ser el cine de terror los niños terribles constituyen uno de los activos más agradecidos de la comedia, no importa si hablamos de un robaescenas casual o del protagonista de una cinta infantil... sí, de esos que cuando crecen si no prosiguen su carrera cinematográfica dan para maravillosas leyendas urbanas. Sin embargo el protagonista de Este niño necesita aire fresco no puede estar más alejado de este concepto: un niño tranquilo que a pesar de las adversidades intenta encontrar el lado divertido de la vida: esta es su historia.
 Basada en la vida de humorista Hape Kerkeling, una celebridad en Alemania, la película nos cuenta su infancia al principio de los años 70, cuando solo era el niño Hans Peter, en los que sufrirá un trauma familiar que marcará su existencia así como descubrirá su talento para hacer reír a los demás.
Una existencia en la que su familia va a se clave, desde una madre cariñosa aquejada por una terrible enfermedad que va a minar poco a poco su carácter a unos abuelos capaces de cualquier cosa por su nieto. En una película que se mueve en los terrenos de lo cotidiano estos personajes, profundamente entrañables, son los que articulan una trama que marca la evolución de su protagonista, un niño querido (resulta curiosa su relación con su hermano mayor, tan distinta a la que encontramos en la mayoría de las películas: no solo no se porta como un abusón, sino que se desvive por defenderlo) que en los años en que otros se sumergen en una insoportable edad del pavo sabe reaccionar con una impresionante calma, aun con algún más que comprensile arranque de rabia en los que la sangre no llega al río. Casi ciencia ficción en comparación con más de un tierno infante de esos a los que el séptimo arte nos ha acostumbrado.
Este niño necesita aire fresco es una cinta que presenta dolorosos procesos de pérdida, pero también una película dulce, que defiende el buen humor como magnífica arma ante el dolor y la adversidad, con una trama que va a ganando enteros a medida avanza su metraje y consigue que nos encariñemos con unos personajes que consiguen encontrar la magia en los más pequeños detalles de la vida (desde una pequeña fiesta familiar al momento en que la tía del protagonista, monja de las de hábito, le enseña como es realmente su pelo bajo la toca). Una película de ritmo irregular, que no llega a ningún momento de violenta catarsis, pero que nos regala momentos tan deliciosos como el de la entrevista de la agente social para decidir si reirar a Hans Peter de la custodia de sus abuelos (y que los tres ensayan para evitar que ésta descubra los problemas de salud de los ancianos) o la obra de teatro escolar en la que el protagonista afianza realmente su vocación, y que es una simple muestra del que es el gran descubrimiento, aun teniendo un reparto que funciona como un reloj, de la película: el jovencísimo Julius Weckauf en el que es su debut cinematográfico.
Una fábula dulce, que sabe exaltar el valor de la familia tanto como sostén como forjadora de carácter con la dosis justa de almíbar. Una película que ha batido récords en su país natal pero que aquí, a pesar del desconocimiento del personaje en que se inspira consigue dejarnos el buen sabor de los dramas con fuerte aroma de comedia.




Este niño necesita aire fresco llega a las pantallas españolas el 23 de agosto.

miércoles, 10 de julio de 2019

QUISQUILLA REINA DE LOS ALPES

Aunque películas dedicadas a las vidas de estudiosos de las matemáticas hay pocas (de momento solo me vienen a la mente solo dos: Una mente maravillosa y El hombre que conocía el infinito) hay que reconocer que hay una tendencia a películas que funcionen directamente como una fórmula. Es el caso de Al agua gambas, presentada como una suma entre Priscila reina del desierto y Full monty, aunque de entrada nos pueda hacer pensar inicialmente en la más reciente El gran baño.
Con un punto de partida que a más de uno le sonará a la premiadísima Campeones la película nos presenta a un nadador profesional que se enfrenta a la obligación de entrenar, por imperativo legal (ante la amenaza de quedarse fuera de competición por un comentario homófobo), a un desastroso equipo de waterpolo, los gambas purpurina del título, cuya aspiración es ser seleccionados para participar en los juegos olimpicos lgtb a pesar de que parecen más concentrados en jugar en la piscina y buscar modelitos para hacerse fotos que en entrenar.
Teniendo como su mejor baza su defensa de las libertades y la conquista de derechos para las personas lgtbi, en un clima de buen rollo de esos que hace a veces difícil separar el espíritu de la película de la cinta como obra en sí misma, Gambas al agua es una comedia amable con trasfondo dramático en forma de terrible enfermedad. Unos actores en su salsa y con buena química así como un buen sentido del ritmo ayudan a que entre rápidamente en vena una historia que tiene en todo momento en mente su compromiso con la comunidad gay pero que no puede evitar caer en un gran número de clichés, tanto en situaciones, como la evolución de ese personaje intolerante o los trucos de ese feliz hombre casado y padre de familia capaz de hacer lo que sea para ocultar a su chico que en vez de trabajar pierde el tiempo jugando al waterpolo con sus amigos, como en personajes, desde el madurito que cree ya ha perdido el tren en cuestión de encontrar nueva pareja (o al menos un rollito de discoteca) al jovencito que acaba de salir del armario y se siente entre emocionado e inseguro. Esterotipos que parecen cubrir el espectro completo y que crean un conjunto de personajes divertidos con los que no cuesta empatizar, aunque es inevitable encontrar alguno más sangrante como ese agresivo equipo de waterpolistas lesbianas llamado las caminoneras (no, no podían ser las amazonas, o las valquirias) que revelan que a pesar de su canto a la diversidad estamos ante una película de óptica más gay (en el sentido masculino) que lésbica.
Polémicas aparte este combinado de comedia deportiva y road movie es un apetecible divertimento de verano, de esos a los que se les perdona hasta algún agujero de guión(que los hay), sabiendo combinar diálogos divertidos con buenos toques de humor visual y rematándolos con un emocionante desenlace (que por supuesto aquí no desvelaremos pero sí diremos que no se parece nada en absoluto a lo que podemos pensar en un primer momento) en el que no falta el vestuario de lentejuelas y una muestra de una banda sonora que recupera un buen puñado de éxitos entre los que destaca el Boy, boys, boys de Sabrina, en este caso el I need a hero de Bonnie Tyler que otrora enarbolara Shrek 2. Una película que sabe transmitir la alegría de vivir, de enamorarse y de disfrutar el momento ante las adversidades, consiguiendo de propina divertirnos durante más de hora y media de fantasía acuática.
Gambas al agua llega a los cines españoles el 19 de julio