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lunes, 30 de noviembre de 2020

YAYO SALVAJE

 

Aunque no se tengan niños en casa seguro que a más de uno le suena películas como Hop, Alvin y las ardillas o Garfield (2). Películas con un alegre animalillo animado que interactúa con humanos reales y que además tienen algo en común: la dirección de Tim Hill.

Sin embargo en este año atípico Hill cambia nuestros amigos de dibujos por un Robert de Niro que, reconozcamoslo, no volvió a ser el mismo desde Los padres de ella.

Él, uno de los grandes, es el mayor reclamo de En guerra con mi abuelo, una película que también trae agradables sorpresas en su reparto como Una Thurman, Christopher Walken o Jane Seymour. Buenos actores que se dejan llevar por su lado más histriónico a la hora de encarar una historia que es pura comedia de manual. Una trama que no deja de recordarnos a las sitcon de los 90,  presentando a un tándem de abuelo y nieto que lidia por el disfrute del mismo dormitorio, ocupado repentinamente por el anciano cuando su hija, tras un desafortunado incidente, le convence seque se instale en la casa familiar.

Predominando el gag físico sin que llegue la sangre al río, aunque sufran golpes que a cualquier persona normal la enviarían como mínimo a urgencias, y dejándose llevar un par de veces por centrar el chiste en la exhibición genital del señor de Niro, En guerra con mi abuelo pretende ser una comedia familiar, con personajes que abarcan una gran variedad de edades. Un objetivo que consigue sin arrebatos de originalidad (aunque si la hay en el de aportar el matiz navideño al hacer que esta sea la temática elegida para el cumpleaños de la pequeña de la casa, un torbellino pascual que resulta lo más natural del conjunto) y un relativo buen sentido del ritmo, añadiendo tópicos del reciente cine familiar como las competiciones absurdas (balón prisionero en cama elástica...no pregunten más) y otros más atemporales como una moraleja que, hay que reconocer, es hasta bonita.

En guerra con mi abuelo no es probablemente la mejor de las comedias, pero resulta una elección adecuada para el ocio en familia en una época del año que lo pide, y en un 2020 en el que los cines  necesitan que los espectadores vuelvan. Y reír es una de las mejores excusas.

En guerra con mi abuelo llega a los cines españoles el 4 de diciembre.




domingo, 22 de noviembre de 2020

CIUDADANO HERMAN

 

Ver una película, sobre todo si podemos disfrutarla en una sala de cine, es todo un viaje. Aunque por supuesto hay viajes y viajes, no es lo mismo ir al trabajo en metro que una vuelta al globo, y en el caso del cine hay cintas que consiguen transportarnos en más de un nivel. 

Mank es una de ellas. David Fincher, su director, es un autor que en anteriores ha sabido llevarnos de expedición a través de la locura o la ambición humana, incluso a través del tiempo en un sentido inverso al común de los normales, como en El curioso caso de Benjamin Button. Pero en esta ocasión Fincher, tomando como base un guión de su difunto padre, nos transporta al filo de los años 30 para contarnos la gestación de la película que cambiaría la historia del cine, Ciudadano Kane, pero no va bajo el prisma de Orson Welles, sino el de su menos conocido guionista (y según más de uno único responsable de la historia) Hermano Mankiewicz.

Ambientada en una meca del cine entre el esplendor y la decadencia, sin renunciar a un ácido sentido del humor la odisea de un escritor que debido a su carácter y su continuo romance con el alcohol parece condenado a convertirse en sombra, Mank podría ser perfectamente una película rodada en la misma película en la que se desarrolla. El mimo con el que está concebida cada imagen , llegando a su cumbre en la escena de la noche de las elecciones y su espectacular montaje, con un detallismo tan enfermizo que hasta podemos encontrar las marcas de cambio de rollo, hacen de esta obra un auténtico deleite visual que se disfruta aún más conociendo sus referentes, con una hermosa fotografía en blanco y negro que consigue sumergirnos por completo en otra época.

Pero este es solo el envoltorio de un guión tan controvertido como clásico que sabe hacer de la réplica rica en bilis todo un arte. Y que mejor que ponerlo en boca de ese camaleón que es Gary Oldman, que consigue crear un personaje que sabe hacerse tanto amar como odiar, y en torno al cual pivotan una amalgama de secundarios capaces de robar más de una escena a pesar del magnetismo del protagonista, sin renunciar a pequeños guiños a los personajes reales en que se basan (como esa primera imagen de Welles que nos remite a las últimas películas del director).

Mank es una película que enamora a los amantes del cine y conquista a los que simplemente buscan una buena historia de personajes, en la línea de otras cintas de Fincher como La red social. Una excusa perfecta para volver a esas salas que nos están esperando para emocionarnos en pantalla grande. Pero para aquellos que no puedan a principios de diciembre llegara a la pequeña pantalla como una de las grandes apuestas de Netflix.

Mank ya está en cines y en Netflix desde el 4 de diciembre.



martes, 17 de noviembre de 2020

LA GRAN FAMILIA FRANCESA

 

Si nombramos el apellido De Gaulle solo un nombre acude a nuestra mente: Charles. Sin embargo el título de De Gaulle, la película, no hace referencia solo al célebre estadista francés sino a toda su familia.

No nos encontramos ante un mero film de guerra. Ambientada en 1940 el film arranca de la figura de un De Gaulle que se enfrenta al avance de la contienda por vía diplomática. Presentado en una tradición casi hagiográfica, devoto, recto y hombre de familia, la historia del militar se alterna durante todo el metraje con la de su mujer e hijos, atrapados en la Francia invadida por los nazis e inmersos en un tortuoso éxodo en su huida de una muerte casi segura. Dos historias de corte convencional pero entre las que resulta ganadora por comparación la protagonizada por Yvonne De Gaulle, con un mayor componente emocional y que, quizás por ser menos conocido el referente real,  consigue arrastrar al espectador. Una trama que refleja ese horror que su marido, sufridor fuera de casa, apenas alcanza a intuir desde un Londres desde el que intenta avivar el espíritu de la resistencia francesa. 

De Gaulle es una película que mima el apartado visual. Unos buenos vestuario y dirección artística ayudan a introducirnos en una cinta que quizás deje con hambre a aquellos que acudan al cine a profundizar en la figura histórica. Sin embargo también se encontrará con una subtrama tan interesante y emotiva como es la relativa a su relación con su hija Anne, nacida con síndrome de down, y que aporta una nueva dimensión a un personaje que parece de sobras conocido.

Drama con ligero regusto de déjà vu sin embargo nos encontramos ante una cinta lejos de lo que podríamos esperar de su mero título. Una película que no sabe renunciar a metáforas y símbolos poco sutiles ( el pájaro enjaulado, la pesadilla de Yvonne...) ni a una estructura quizás demasiado clásica, pero que complacerá a aquellos a los que prefieren las historias de personajes y diálogos frente a aquellas que se pierden en el fragor de la batalla.

De Gaulle llega a las pantallas españolas el 20 de noviembre.


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martes, 10 de noviembre de 2020

ANNA RABBIT

 

"Solo un juguete". Que una frase en apariencia tan banal pueda marcar en inicio una experiencia angustiosa para cualquiera como es el exilio, y más en el caso de una niña de apenas nueve años, es cuanto menos llamativa. Así arranca El año que dejamos de jugar, basada en la novela de corte autobiográfico Cuando Hitler robó el conejo rosa (título que conserva el film en su versión original) de Judith Kerr, la historia del ascenso del nazismo desde la perspectiva de una familia judía que opta por abandonar su casa en Berlín ante la amenaza de un régimen que tiene al padre, escritor de profesión, en su lista negra. 

Con más de un punto en común con el anterior trabajo de su directora, Este niño necesita aire fresco, la nueva película de Caroline Link tiene su mejor baza en unos personajes entrañables. Lejos de los dramas fílmicos de otros niños víctimas del nazismo, como los pequeños protagonistas de La vida es bella o la lista de Schindler, e incluso del indescriptible Jojo rabbit, la Anna de El año que dejamos de jugar puede parecer estar sufriendo la cara más suave de la tragedia, lejos de bombardeos y campos de concentración en su periplo por Suiza y París. Sin embargo las noticias que llegan de la Alemania bajo el poder de Hitler, años antes del estallido de la II Guerra Mundial (hablamos de los primeros años treinta), el desarraigo, la profunda añoranza de su hogar y la progresiva caída en la pobreza irán haciendo mella en su espíritu, aún dejando relativamente intacta su inocencia. 

El año que dejamos de jugar tiene un ligero aroma de cuento, con unos entornos de postal que da el do de pecho con las impresionantes cumbres suizas (incluso podríamos plantearnos que su protagonista empieza a sufrir el síndrome de Heidi corriendo descalza por la hierba) y un París en el que se puede ver la Torre Eiffel desde cualquier ángulo, captados con una hermosa fotografía, un sentido del humor blanco y unos personajes amantes de las moralejas. Una historia que, en principio, puede parecer más enfocada a un público juvenil (al igual que la novela) que sin duda la disfrutará pero que alcanza toda su dimensión ante los ojos de unos adultos que sintonizan mejor todos los matices de la historia. 

Más para amantes de las historias de personajes que para aquellos que busquen un fidedigno fresco histórico la película nos muestra un nuevo ángulo de un periodo del que el espectador parece no cansarse. De un drama que no debemos olvidar para no condenarnos a repetirlo, y los ojos de la pequeña Anna son un buen filtro para hacerlo.

El año que dejamos de jugar llega a las pantallas el 13 de noviembre.


viernes, 6 de noviembre de 2020

CARNÍVOROS E INTEGRADOS

 

No es lo habitual por estos lares (no se puede negar que apostamos más por el cine) , pero el terror, como la sangre, llama y una de las historias más potentes que ha llegado a mis manos últimamente lo ha hecho en forma de un volumen que apenas llega a las 250 páginas. Su carta de presentación el premio Clarín de 2017, y su título Cadáver exquisito.

En un periodo histórico en la que la distopía apocalíptica está a la orden del libro es fácil hablar de obras sobre virus que asolan la humanidad como La peste escarlata de Jack London o El último hombre de Mary Shelley. Pero la escritora argentina Agustina Bazterrica apuesta por un matiz distinto, presentando un virus que ataca a todo tipo de animales esquivando a los humanos. El resultado un planeta que encuentra la alternativa para el consumo alimentario y textil en su propio genoma. Un mundo sin zoos, sin mascotas, sin abrigos de pieles ni carne de res en los platos, pero en los que una industria cárnica perfectamente normalizada y legal satisface la gula de una humanidad que se ha convertido en caníbal.

Una propuesta ingeniosa y sorprendente que da una nueva lectura a ese hombre que es un lobo para el hombre. Revulsiva e hipnótica la trama se mueve con inteligencia entre las distintas vertientes de este mundo feliz. Sin eludir tópicos propios del fantástico como el científico loco o los gemelos inquietantes ni referencias a clásicos como El malvado Zaroff o Hasta que el destino nos alcance este libro sabe mantener sus raíces en un crudo realismo, pero sin dejar de coquetear con el mundo de la novela gótica.

Relato de hombres y monstruos, que nos muerde en su primer capítulo y no nos suelta hasta un final que es un auténtico puñetazo en el estómago. Para paladares fuertes y estómagos todavía más fuertes Cadáver exquisito presenta un estilo sencillo, pero exige tanto a su lector como le regala a cambio. De esos libros que pueden leerse en una tarde pero que no está dispuesto a abandonarnos en mucho, mucho tiempo.

Cadáver exquisito está editado en España por Alfaguara y sus derechos se han vendido a varios idiomas. En inglés se ha publicado recientemente como Tender is the flesh.


 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

THE FAST AND THE ZOMBIE



Tras años y años disfrutando de él el cine zombie sigue entreteniendo...que logre divertir además es un plus que pocos consiguen, algo que parece ser patrimonio casi de las cinematografías orientales, con propuestas tan divertidas y recomendables como Dead sushi o One cut of The dead. Tren a Busan es un film que lograba ambas cosas, con ritmo frenético que lograba arrastrar al espectador. Y poco después Seoul station, precuela animada que palidecía frente a su precedente, pero que dejaba buen sabor de boca con un final inesperado.

Como nunca hay dos sin tres la que ya es la saga zombie coreana pedía una tercera parte y esta llega bajo el título de Península, obra del mismo director y ambientada justo cuatro años después de la original, precisamente el periodo que la separs del estreno de esta. 

Si Tren a Busan era una auténtica locura, manteniendo prácticamente la unidad de tiempo (el día del estallido zombie) y lugar (un tren infectado) Península parte jugando a la maniobra del despiste, arrancando en un barco de refugiados que huyen de Corea en el que, como todos nos tenemos, habrá un violento rebrote. Pero este es solo un buen prólogo, con una impactante presentación del primer infectado y un pretendido elenco protagonista que en minutos se reduce a la mitad. Pronto cambiará de tercio para sumergirnos en una península apocalíptica, a la que volverán nuestros protagonistas para dar el gran golpe que solucionará el resto de una existencia que por el momento malviven en un Hong Kong que les desprecia por su origen.

Una historia en la que prima la acción, con persecuciones en automóvil que dan una nueva dimensión al concepto " atropello y fuga" y elementos que nos conducen a la larga tradición del cine distópico, con sus asentamientos amurallado de supervivientes y "deportes" extremos. Pero el conjunto no consigue el impacto de Tren a Busan. Personajes más desdibujados y menos carismáticos, abuso de manierismos como la ralentización del tiempo y en especial un desenlace tan alargado como forzado no benefician a una película que mejora cuando menos trascendente pretende ser. Podemos ver en ella destellos de la cinta que nos cautivó, como el trabajo físico de los actores que encarnan a los zombies o ese prólogo que consigue meternos rápido en harina, pero lejos queda de la que es una de las mejores cintas de género de los últimos años.


Península llega a las pantallas españolas el 18 de diciembre.