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lunes, 7 de octubre de 2019

LA ÚLTIMA DE NOSOTRAS

Definitivamente lo de Casey Affleck no es contar cuentos. Ha demostrado ser un sólido intérprete y ha hecho sus pinitos como guionista y director, pero los primeros minutos de La luz de mi vida demuestran que la narración previa a las buenas noches puede tanto dormir a los niños...como a los adultos. Pero por suerte en la cinta que nos ocupa no es solo la fábula, como él la acaba bautizando, de el arca de Art. Es la historia de una niña, Rag, y su padre. Aunque con un pequeño matiz: es posible que ella sea una de las últimas niñas sobre la faz de la tierra.
Futuro apocalíptico sin fecha, pero de esos que podrían ser perfectamente mañana por la tarde, La luz de mi vida nos presenta un mundo asolado por una plaga que parece solo afectar a las mujeres, aunque también parece haber hecho mella en unos supervivientes que viven con pocos recursos y casi dependientes de las cartillas de racionamiento y el autoabastecimiento. Menos agresivo que otros a los que nos hemos enfrentado anteriormente coches y trenes, aunque escasos, parecen seguir funcionando, así como en muchas partes la electricidad, y los supervivientes no parecen haber caído masivamente en la locura que parece afectar al grueso de los personajes de estesubgénero. Por no haber no hay ni zombies, ni mutantes, ni caníbales...y eso ya casi la convierte en una rara avis.
Se trata así de un futuro más cercano al de Hijos de los hombres, con un fuerte aroma a La carretera, auque si nos movemos en terrenos no cinematográficos probablemente nos recuerde poderosamente al muy recomendable cómic Y, el último hombre, que planteaba un mundo en el que todos los hombres y animales macho han desaparecido salvo un joven y su mono ayudante, o el videojuego The last of us, en el que un hombre escolaba a la que podía ser la única persona inmune en una tierra asolada por unos hongos que convertían a los humanos en una suerte de zombies. Un terrerno que conocemos bien y en el que el hombre (y en este caso nunca mejor dicho) sigue siendo un lobo para el hombre.
Más allá de eso nos encontramos ante una cinta bien rodada, con una fotografía elegante que brilla en sus contrastes y un buen empleo de los escenarios naturales. Pero también ante una película que divaga demasiado, que en más de una ocasión se limita a ser un huída hacia delante, complaciéndose en diálogos pretendidamente profundos que aportan poco a unos personajes a los que salva una relación entrañable ente un peligro indefinido.
Segunda incursión como director tras I'm still here, La luz de mi vida es una película que apunta maneras y que se nota aspira a ser un ejercicio de madurez como cineasta, pero que no acaba de dar el do de pecho. Una obra que se pierde complaciéndose en entornos nevados, metáforas infantiles y consejos de cara a la vida adulta que parecen brotar a desordenados borbotones. Aspirando a una profundidad que no alcanza La luz de mi vida se queda en película correcta, y una curiosidad para aquellos que disfrutan de las distopías como género.
La luz de mi vida llega a los cines españoles el 11 de octubre.

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