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jueves, 18 de febrero de 2016

NOCHE DE PESADILLA

Si ha habido una cinematografía que ha sabido acercarnos a la historia de su país a través del cine esa ha sido la estadounidense. Desde el western más puro al 11-S pasando por supusto por la Guerra de Vietnam y las biografías de sus presidentes el cine de EE.UU. nos ha sabido llevar bien cogidos de la manita por sus más de dos siglos de historia ...y dejándonos curiosamente la (falsa) sensación de vivir en un más que constante conflicto bélico (incluída por supusto la Guerra fría...claro que fuera de estos conflictos a veces nos da la sensación que el único térreno alternativo son los nada pacíficos momentos de la crisis del 29 y su ley seca y/o la luchas contra el crimen...que muy, muy pacíficos tampoco son). A quitarnos esta sensación no contribuye tampoco la última de Michael Bay...porque hoy hablamos de 13 horas. Los soldados secretos de Bengashi.
Tras la caída de Gadafi Libia se sumió en un caos durante el que muchos se apropiaron del contenido de sus impresionante arsenales secretos. Varios grupos de fuerzas especiales estadounidenses se instalaron en el país, destinadas a, entre otras labores defender al cuerpo diplomático. Esta es la historia real de uno de estos grupos que, la noche del 11 de septiembre de 2012, sufrió el ataque de un grupo terrorista al que se enfrentó tanto en la embajada como en su propia sede.
Basada en el libro 13 horas de Michel Zuckoff la película nos acerca a un dramático hecho real con intensidad y una buena dosis de adrenalina.
Tras una amplia presentación de los personajes principales en la que queda bien patente la dosis de tensión vivida en Libia (la retención del todoterreno, problema del que les saca más su propio ingenio que otra cosa y que es casi una premonición de lo que veremos a continuación) como los propios conflictos internos de unos personajes que en además de duros (pero tan duros que en ocasiones parecen irreales) son unos auténticos hombres de familia.
Pero el plato fuerte llegará a continuación con el ataque propiamente dicho, un momento inesperado y casi caótico (tanto que casi parece existir solo para ellos, mientras el resto de los habitantes de la ciudad de Bengasi parecen más interesados en el fútbol que otra cosa), pero que nos deja unas impresionantes escenas de acción rodadas con espectacularidad y eficacia, si bien encontramos la sempiterna obsesión con la cámara lenta de su director, que en ocasiones se deja llevar por cierto discurso grandielocuente (el momento en que los atacantes disparan a la bandera) pero que también sabe crear imágenes de gran belleza con cierto matiz poético (el mnortero sobre la silueta de una impresionante lina llena).
Y es que quizás lo más relevante de una citna como esta es su apartado visual, una oda a la violencia que nos deja un buen número de escenas tan impactantes como emocionantes (el incendio de la embajada) frente a un guión que en el fondo, con todas las variantes actualizadas y a pesar de ser una trágica historia real, no deja ser la típica historia del fuerte atacado por los indios, si bien se esfuerza en dotarla de puntos de realismo (la introducción o ese final en el que nos contarán el destino de los personajes reales), con unos diálogos que resultan menos profundos de lo que se creen y que, en la mejor tradición del cine de acción, están aderezados con pequeñas dosis de humor.
Cine de acción bien hecho, con algún momento de antología, pero de menos calado emocional del que pretende, la película es un impresionante diálogo con la violencia que no deja indiferente a nadie con sus imágenes.
Para fans de su director, que en esta citna da lo mejor de sí, y amantes del cine de acción y bélico 13 horas. Los soldados secretos de Bengashi se estrena el 26 de febrero.

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