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martes, 26 de junio de 2018

ARENAS BLANCUZCAS

Amores eternos, lujuriosos, contra viento y marea, ante adversidades, guerras y hasta hundimientos de barco...pues bien, En la playa de Chesil es una película que juega en otra liga, una atípica historia de amor de dos jóvenes recién casados que parece escapada de otra época.
Adaptación de Chesil Beach, novela de Ian McEwan (autor que sonará a los cinéfilos por Expiación, cuya versión cinematográfica también contaba curiosamente entre sus protagonistas con Saoirse Ronan) En la playa de Chesil es una película con un comienzo de puro cuento de hadas, de esos llenos de sueños por cumplir, y cuyos protagonistas se enamoran a primera vista en un momento de pura felicidad. Pero la cinta no es de esas que hablan de las meras preocupaciones del día a día para una joven pareja. Sí, por supuesto están ahí las relaciones familiares (incluyendo unos estirados progenitores por parte de ella y una madre con daños cerebrales en el caso de él), el enfrentarse a los cambios, las dudas...pero esta película, que nos regala decenas de escenas tiernas a las que ya nos tiene acostumbrados el cine más pasteloso no se queda ahí, sino que nos regala un giro en la segunda parte de su trama que va a demoler todo lo que hemos visto desde su comienzo, y en la que esa playa de Chesil, mucho menos bucólica de lo que sugiere su nombre con sus rudas piedrecillas en las que se hunden los pies y sus cielos de tormenta, se va a convertir en el incómodo escenario de una noche (o más bien tarde) de bodas que va a acabar de manera muy distinta a como pretenden sus protagonistas.
Una elegante puesta en escena, que sabe jugar con la delicadeza del color (espectacular el partido que saca al sencillo vestido azul de su protagonista) y lidiar con el contraste entre el equilibrio del principio y el caos tras la revelación que transformará completamente la trama ( y que nos arrastra una década primero y tres más a continuación para añadir nuevas revelaciones), y un buen juego con la inteligentemente seleccionada banda sonora consiguen dotar la cinta de un más que eficaz envoltorio para su particular juego amoroso.
Pero sin duda uno de los elementos más destacables es la buena labor de su pareja protagonista, un dúo que sabe transmitir química aún cuando el personaje de Flo, encarnada por Ronan, consigue robarle por su intensidad protagonismo a su partenaire.
En definitiva una historia de amor que sabe nacer del tópico para poder huir de él con estilo, a pesar de un epílogo ambientado en 2007 quizás más prescindible (y no diré más), y que consigue hacer de ella un recuerdo más perdurable para el espectador que otros romances de arranque más dramático.

En la playa de Chesil llega a las pantallas españolas el 29 de junio.

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