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miércoles, 20 de noviembre de 2019

EL ODIOSO UNO

No hace mucho se estrenó Sordo, una curiosa cinta que conseguía, con mayor o menor fortuna, trasladar el espíritu del western a la época de la Guerra Civil. Aunque en los años cuarenta la guerra como tal empezaba a quedar atrás parece que hay algo en la aridez de los campos y el clima de violencia latente que invita a pensar en el género cinematográfico norteamericano por antonomasia. Y es que es inevitable pensar en en ello al disfrutar de una película como Intemperie.
Basada en la novela homónima de Jesús Carrasco Intemperie es una particular road movie en la que un niño huye de la casa de el capataz, un poderoso terrateniente que le había adopatado, para encontrar una nueva vida en la ciudad. Lleno de recursos pero solo y vulnerable a las acciones de los adultos el niño tendrá la suerte de toparse con un rudo pastor que intentará ayudarle mientras su antiguo patrón les pisa los talones.
Tormentoso viaje iniciático en un mundo asolado por la sequía y en la que la amenaza puede ocultarse en cualquier esquina Intemperie podría ser fácilmente un western de manual o incluso una cinta de corte apocalíptico. Villanos de gatillo fácil y territorios comunes, como el pueblo de braceros del que parte nuestro protagonista o la estación de tren abandonada en la que se desarrolla el desenlace, son buenos punto de anclaje.
Pero este sería solamente el referente cómodo de una película que tiene mucho de fábula moral, con unos personajes que no tienen siquiera nombre, como mucho un apodo, y que constituye una inquietante reflexión sobre la bondad, aquella de los extraños de la que hablaba Blanche Dubois, y la maldad, esta encarnada por uno de los villanos más terribles que nos ha dado el cine más reciente. Un hombre que aunque en principio puede hacernos dudar con alguna pincelada de amabilidad (el episodio de la liebre) se revela rápidamente como un hombre sin corazón capaz de grandes bajezas morales y que oculta un secreto más terrible todavía.
Intemperie es una película que engancha gracias a unos personajes que rápidamente consiguen hacerse tanto con las simpatías como con las antipatías del espectador. Desde los personajes adultos, unos Luis Tosar y Luis Callejo que saben convertirse en unos atípicos pero poderosos ángel y demonio, al niño interpretado por el joven Jaime López que ya dió muestra de su buen trabajo en Techo y comida, sus actores consiguen con brillatez hacer real una historia tremendista de esas que conmueven al espectador y que eclosionará en un final digno del mejor western con tiroteo incluído en el que resulta fácil incluso dejarse llevar y advertir al héroe de la función de la presencia de un armado villano.
Benito Zambrano no es un lego en materias de historias de posguerra: La voz dormida es buen testimonio de ello. Y un trabajo como Intemperie es una prueba más de sus buenas formas. Una historia en la que la sombra de un pasado terrible no abandona el alma de sus personajes, pero en la que estos deciden si seguir dominados por lo que han dejado atrás.
  Intemperie llega a los cines el 22 de noviembre.

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