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miércoles, 13 de noviembre de 2019

PIRATAS DEL PACÍFICO

Pongamos los puntos sobre las íes. No me considero una neófita en esto del manga y el anime. Viví los "booms" de Campeones, Caballeros del zodíaco y Bola de dragón, y todavía hoy sigo disfrutando con esta última...aunque mis gustos también han evolucionado a obras un poco menos mainstream como las Junji Ito, Suehiro Maruo, Shintaro Kago o Hideshi Hino. Y me siguen haciendo gracia las barrabasadas de Shin chan, que narices. Pero en el caso de One piece me sucede lo mismo que en el de Pokemon, nunca me han llamdo lo bastante como para seguir estas franquicias. Pero no puedo negar que One piece es una de las grandes, una de esas sagas que, como Naruto, hasta el que no es un amante del tema conoce aunque sea mínimamente. Y por supuesto ha llegado su turno en la pantallas grande de los cines españoles con el título de One piece: Estampida.
La trama de One piece es sencilla, como la de tantas series populares: un joven, Monkey D. Luffy, que aspira a convertirse en el rey de los piratas, con la ayuda de su tripulación y los increíbles poderes que le otorga una fruta del diablo. Una historia de amistad, superación y aventuras, nada que nos sea ajeno. Sin embargo nos movamos en el terreno de la piratería, como diría Dorothy, ya no estamos en la isla del tesoro. Que ¡ojo! ambos elementos, isla y tesoro (el one piece del título) los encontraremos en esta película, pero lejos andamos de los clásicos con una historia que, como reconocen sus propios personajes, es una pura locura, con piratas de poderes suprahumanos y bizarros atuendos (hasta hay uno con look payasil).
Con la excusa de una reunión de piratas a gran escala bajo el nombre de Expo pirata la que comienza siendo una enloquecida caza del tesoro, idol incluída, se convierte pronto en toda una batalla campal. Con un ritmo frenético, lleno de diálogos intrascendentes (la mitad relativos a los poderes de cada personaje y su correspondiente nombre...supongo que es algo habitual de la serie, pero es de esas en la que cada uno meciona el nombre de su ataque antes de realizarlo. Para ejemplo esa hercúlea patada bautizada, al menos en la versión original subtitulada, como fémur fragante) y alguna subtrama gratuita (las andanzas de parte de la tripulación protagonista por las cuevas subterráneas de la isla) la historia de estos piratas incansables que se enfrentan a un enemigo irreductible proveniente de su pasado resulta francamente entretenida. Simple, pero engancha.
A pesar de un diseño de personajes feísta, de anatomías imposibles y expresiones dignas de meme, pero tremendamente original especialmente en los atuendos de sus protagonistas (es más, los personajes femeninos de no ser por vestuario o peinado serían casi imposible de distinguir unos de otros) en un tremendo estallido de color One piece: Estampida sigue siendo una eficaz muestra de la animación tradicional. Cierto que el resultado cojea cuando se introducen, especialmente en su tramo final, elementos en 3D, y que la distorsión de proporciones en algunos momentos se nos puede antojar grotesca pero la coordinación de escenas con decenas de personajes en movimiento a la vez, resulta increíble.
One piece: Estampida hace honor a su nombre en un no parar de personajes en lucha que consigue arrastrar al espectador independientemente de si conoce o no el material original. Cierto que, en mi ignorancia, sin duda me he perdido más de un guiño que alegrará a los fans de la que es una de las series más populares de Japón con más de 450 millones de ejemplares vendidos y más de diez años en antena, pero el desconocimiento no resulta impedimento alguno para disfrutar de una historia tan falsamente trascendente como alocada, con toques de humor y un sentido de la acción imparable. Para amantes del anime y los que no le hacen ascos a una buena batalla.
One piece: Estampida llega a los cines el 15 de noviembre.

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