No hace falta decir que las historias detrás de la cámara muchas veces son tan apasionantes o más que las que tienen lugar delante de ellos. Rodajes pesadillescos, capaces de destrozar a un intérprete, como los de Hitchcock y Kubrick son buena muestra de ello. Rodrigo Sorogoyen, que no hace mucho dejó huella con la violencia rural de 'As bestas' apuesta por un escenario muy distinto, el rodaje de una película de corte histórico, pero bajo el que late una tensión, no precisamente sexual pero no resuelta en 'El ser querido'. A los amantes del cine no dejará de resultarles familiar.
Javier Bardem encarna a un oscarizado director de cine que quiere añadir a su último proyecto un ingrediente inesperado: a su hija Emilia, actriz intermitente a la que hace años que no ve. En una relación interrumpida en la que la incomodidad es palpable desde el primer momento, padre e hija van a pasar mucho tiempo juntos, intentando recuperar un vínculo contaminado por un pasado que ambos no recuerdan de la misma manera.
Inevitable resulta pensar en un éxito reciente como 'Valor sentimental' pero el tono resulta muy distinto. Esta es una película opresiva, en la que la cámara en más de una ocasión se cierra sobre los personajes, del mismo modo que pasa del color al blanco y negro, o cambia de formato y grano como lo hace la visión de los personajes respecto a su propia realidad, mostrando incluso que no se precisan palabraa: sólo imagen. No necesita ni violencia física: tono de voz y miradas bastan. Tampoco una banda sonora, recurriendo a la música intradiegética (aunque se permite un momento tan hermoso como aquel en el que el personaje de Bardem escucha la composición destinada a su pelicula mientras su hija llega a la cafetería), que pueda ser susceptible de variar el ánimo, o casi diría el ánima del espectador. El resultado pica, incomoda e inquieta, y resulta imposible no sentirse identificado en algún momento con sus protagonistas.
'El ser querido' es una película que arrastra a su terreno. Con naturalidad y fluidez sus actores saben componer a unos personajes que dejan huella. Un Bardem marcado por la culpa pero al que le supera un orgullo que influye notablemente en su oficio y una Victoria Luengo que parece haber heredado algunos de los pecados del padre, y que se acentúan al dejar que un elemento que ahora le resulta extraño regrese a su vida hacen de esta una película dura presentando unos sentimientos muy humanos pero de los que resulta imposible sentirse orgulloso. Un gran trabajo de actores que nos ayuda a recordar que el cine no sólo hace soñar, sino que nos enfrenta a un espejo que no queremos mirar, pero que necesitamos ver.

