Érase una vez, que se era, una pescadora solitaria de la que se reían todos sus vecinos. Pero un día llegó un hombre de mimbre para hacerla feliz. Este sería el meollo de la historia, si esto fuera un cuento de hadas, pero para alegría del espectador 'Wicker' no lo es, sino una afilada fábula picante, oscura y muy, muy humana. En el buen y en el mal sentido.
Aunque su título no puede evitar evocar al gran clásico del folk horror y el remake que se sumó a la leyenda de Nicolas Cage, 'Wicker' se aparta del terror y prueba conocer muy bien su carácter de cuento moral. Personajes sin nombre, que se llaman entre ellos por su oficio (protagonistas incluidos), elementos mágicos y un atemporal entorno bucólico son algunas de las señas de una película que se escuda en la fantasía para mostrar esos defectos humanos que eran tan actuales ayer como hoy. Por no faltar no faltarán ni el sosias de la habitual madrina, un Peter Diklange que parece ser el único que conoce el autentico significado de la palabra empatía, ni la bruja malvada, sólo que sin poderes más allá de su lengua y de una belleza desarmante. Lo que comienza como acaban la mayoría de los cuentos de hadas, con la boda de la protagonista con ese hombre de mimbre que no es fruto de un encantamiento o una maldición (merced de unos apabullantes efectos prácticos que le dan un increible poso de realidad), sino de las manos de un habilidoso artesano, va a desencadenar toda una espiral de rumores y envidias que harán más mella en los vecinos que en la peculiar pareja. Al menos en principio.
'Wicker' toma el camino del humor. Con dobles sentidos más o menos sutiles y un punto de surrealismo, ayuda al espectador a entrar rápidamente en una de esas tramas que piden suspensión de incredulidad. Una Olivia Colman que hace gala una vez más de naturalidad y despierta la complicidad, un Alexander Skargård taciturno pero con un lenguaje corporal que lo dice todo y una Elizabeth Debicki que tira la piedra y esconde la mano nos acompañan en una historia que funciona como un reloj, en la que todo encaja y marcha sin pausa a lo largo de las estaciones. Y consigue hacernos sonreír, reír, emocionar y sorprender poniendo el dedo en la llaga de temas tan complejos como es la libertad, personal y sexual, de la mujer, el autocuidado y por supuesto, la lucha de sexos.
Esta película es una buena actualización de esas fábulas con marcada moraleja tan caras a las recopilaciones cuentísticas que nos acompañado desde tiempos inmemoriales. Aunque debe mantenerse fuera del alcance de los niños consigue que nos acurruquemos en la butaca y permanezcamos expectantes a la espera del desenlace. Mostrando una vez más como a veces los seres humanos son más inhumanos que los que considera monstruos 'Wicker' da para el debate pero también consigue que salgamos con una sonrisa. El mimbre es tan flexible como fuerte, quizás el ser humano puede aspirar a lo mismo.
'Wicker' llega a las pantallas españolas el 30 de octubre.


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